Quise esperar hasta
esta fecha cuando se cumple un año de aquel día terrible que cambio la vida de
toda mi familia, para hacer mi última entrada en este blog, para compartir con
todos ustedes, no solo la evolución de Camila, si no también para demostrar con
evidencias físicas, que Dios nunca deja una obra a la mitad.
Esto no quiere
decir que haya sido fácil, claro que no!! Hemos pasado pruebas muy duras, días amargos,
desánimo, pero también alegrías y muchas satisfacciones.
Pasamos por una
posibilidad de operación en diciembre para drenar el edema, que después de una tomografía de urgencia fue descartada, también vivimos el retorno a clases de Camila en el mes de
enero, que en su momento también se manifestó en mucho estrés para ella, lo
cual le provoco una parálisis facial leve. Y por supuesto, mas tomografías,
consultas neurologías a granel, visitas
al psicólogo, terapias ocupacionales, electros encefalogramas y mas……
Es evidente que
ya ella no es la misma, su memoria no ha vuelto hacer la que siempre fue, hay
cosas que aun no recuerda, y en los estudios eso le jugo una mala pasada, decidimos que repitiera su
año escolar, para enfocarnos en ese tiempo en su completa recuperación física,
y aunque no fue fácil para ella, ya lo acepto, de hecho ayer inicio su nuevo
año escolar, ahora su reto es hacer nuevas amistades, crear un sentido de
pertenencia en el salón y hacerse un lugar en medio de muchos desconocidos.
He visto
como su carácter ha sido moldeado, jamás renuncia cuando esta en frente de un
reto, asi este le de miedo, pero también la he visto llorar, la he acompañado
en sus pesadillas, y he sembrado en ella la dicha que es estar viva, cuando en
realidad su pronóstico decía lo contrario.
No hay dia que Camila no le
agradezca a Dios por haberla dejado viva, me impresiona ver como sus marcas no
le generan complejos en lo absoluto, como su corazón se hace solidario ante el
dolor ajeno, en este caminar he visto como su sonrisa y su gracia, alegra la
vida de los que la rodean, por donde pasa deja siempre una estela de alegría, y
un lindo testimonio de milagro.
En cuanto a las
ausencias del Ktire y de Mary, eso si que no ha sido fácil, la idea de que no compartí con ellos los suficiente me taladra la mente y el corazón, porque siempre pensamos que ya habrá tiempo para compartiry disfrutar de los nuestros, y en realidad uno nunca aprovecha el tiempo ni la vida, que se puede ir cuando menos lo esperamos.
Este año regrese a
Puerto la Cruz después de mucho tiempo, y entrar en la casa sin ellos fue muy extraño
para mi, y para Camila aun más. Muchos espacios de la casa hablan de ellos,
cocinar donde Mary siempre lo hacia con tanto amor y buena sazón, me causo una sensación
que jamás podre describir. La sonrisa del Ktire y su alegría se extraña todos
los días, aun no podemos asimilar porque ya no están, el vacio que dejaron es
algo que permanece con mucho dolor aun en mi familia. Pero aprendí que el dolor
no pasa, solo se transforma y se va aprendiendo a vivir con eso, son muchas las
preguntas que continúan sin respuestas, pero hemos aprendido a seguir viviendo,
agradeciendo a Dios por habernos regalado la presencia de Mary y el Ktire por el tiempo que El los
dejo aquí, entre nosotros.
Las pesadillas
han menguado, los malos recuerdos vuelven de vez en cuando, el frio de aquellos
pasillos en terapia intensiva se sienten en algunas noches de pesar, aun sigo
caminando en este proceso de sanidad emocional producto del increíble estrés y
dolor que viví ya hoy hace un año, pero sin duda estoy mejor, mucho mejor. A
pesar que pase mis propias pruebas de salud, no hace mucho se me encontró en el
seno unas micro calcificaciones sospechosas, tuve que enfrentar mis propios
miedos, pero recordé que tengo un Dios que rescato a mi hija de la muerte y como
aquellos días decidí creer, y después de muchos exámenes y esperas de
resultados, de nuevo Dios respaldo mi fe en El, estoy bien, estoy sana, nada
maligno habita en mi.
Camila aun tiene medicación,
pero la buena noticia es que ya iniciamos desde hace meses el descenso de la
dosis, el dia 7 de diciembre de este año tomara su última pastilla, las visitas
al neurólogo ya son cada 6 meses, sus terapias fueron culminadas con éxito, su cerebro esta casi como nuevo, digo casi
porque tiene unas cicatrices en el, así como en el cuerpo que solo permanecen allí
como recordatorio, que esta aquí solo
gracias a Dios.
Agradezco a mi
familia por demostrarme tanto amor incondicional, jamás me dejaron sola, a mis amigos que
fueron mis bastones y grandes aliados en todo este año. A Camila por enseñarme
el fruto de la constancia y la decisión. A Dios por que no solo me regalo el
milagro de ver nacer a mi hija dos veces, si no por todo lo que puso a mi
alcance, por todas las provisiones, por todas las puertas que permitío que
fueran abiertas, por poner en mi camino ángeles, por ser Padre, por ser mi Dios
amado.
En este año fui
las alas de mi hija, pero mi pajarito ya está alzando su vuelo propio, y yo voy
al lado de ella, junto a mi familia, para verla crecer, fuerte, sana y
bendecida por Dios.


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